viernes, 29 de diciembre de 2017

Monasterio de San Bernardo de Toledo

La cerámica aplicada a la arquitectura
Daniel Zuloaga Boneta XVII.


El impresionante y para muchos desconocido Monasterio de San Bernardo o de Nuestra Señora de Monte Sión tiene su origen en el año 1426 cuando su fundador Fray Martín de Vargas -confesor del Papa Martín V y reformador de la Orden del Císter- obtuvo del canónigo de de la Catedral Alonso Martínez unos terrenos en un paraje idílico al que llamaron de Monte Sión porque "de allí había de salir, con el favor divino, la ley de la reforma como de otra nueva Jerusalén". En un primer momento los monjes vivieron en celdillas entretejidas de ramas de árboles hasta que el año siguiente fue colocada la primera piedra del templo el día 21 de enero de 1427. Su vida era ejemplar -no hay que olvidar que esta reforma del Císter surgió a raíz de la relajación detectada en las décadas precedentes- y la construcción se sufragaba con limosnas y sacrificios, a los que se añadieron más tarde generosos donativos como el del contador del rey Juan II Alonso Álvarez de Toledo. Quiso allí enterrarse el prepotente valido de este monarcaDon Álvaro de Luna, pero finalmente los monjes se opusieron -según algunas fuentes por no considerar que encajase en su ideal de pobreza, si bien años después sí se enterraron allí el citado Alonso Álvarez y su esposa-. 
         Tras la muerte de Martín de Vargas en 1446 el monasterio fue ampliado sobre todo bajo los auspicios del obispo de Astorga García Álvarez de Toledo y más tarde del canónigo y apostólico de la catedral Francisco Álvarez de Toledo en 1494.
         El edificio que hoy se conserva es en buena medida el que en aquel siglo XV se levantó en las fases citadas, si bien sufrió importantes reformas y ampliaciones posteriores, como la construcción del cuarto de la hospedería por el afamado Alonso de Covarrubias (comenzado en 1549) o la del soberbio claustro toscano bajo las trazas de Nicolás de Vergara el Mozo (iniciado en 1576 pero que tardó más de 50 años en finalizarse).
         Esta Congregación Cisterciense de Castilla fundada por Martín de Vargas superó muchas trabas y vejaciones dentro de la propia Iglesia -llegó a desvincularse de la autoridad jurídica del Císter- pero sin embargo fue floreciente espiritual e intelectualmente hasta 1700, comenzando desde entonces una decadencia que tuvo su puntilla con la desamortización de Mendizábal en 1835.
         A partir de la desamortización el Monasterio sirvió como casa de labor y tuvo varios propietarios. En 1925 su propietario era Luis de Urquijo, Marqués de Amurrio, quien a instancias de Alfonso XIII promovió en él el último intento por recuperar la otrora potente industria sedera toledana. Se plantaron miles de moreras en los alrededores del edificio y en las vegas cercanas, se acondicionaron estancias y se fundó el Real Instituto Sericícola de Castilla y Extremadura.
         Poco después el proyecto fracasaría y sería abandonado. De él hoy solo nos quedan aún numerosos ejemplares de morera en la zona, algunos incluso que datan de la época y otros ya naturalizados hijos de aquellos. El Monasterio fue legado en 1966 por el ingeniero agrónomo Tirso Hipólito Rodrigáñez Sánchez-Guerra  a las monjas. Hoy acoge una hospedería y de nuevo lo habitan monjes cistercienses de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia.
         Daniel Zuloaga Boneta (Madrid 1852-1921 Segovia) legó a la ciudad una colección de murales de cerámica que aún se conservan en las pérgolas del jardín para el que fueron diseñados. El Monasterio de San Bernardo o de Nuestra Señora de Montesión custodia estas joyas de la cerámica modernista y neorenacentista que los Zuloaga introdujeron en España.
         Los azulejos de San Bernardo se dividen en seis escenas formando dos trípticos en los que el artista que firma cada uno de los paneles, representan los espacios más emblemáticos de la ciudad de Toledo en el siglo XIX y los rostros de ocho personajes de las Letras y la Historia.
         Para los murales de Montesión Daniel empleará dos técnicas: sobrecubierta y cuerda seca. Las escenas centrales de los trípticos las dedicará al Puente de San Martín con San Juan de los Reyes en segundo término y al Puente de Alcántara con el Castillo de San Servando de fondo. De formato oval, el artista enmarca estos dos paisajes costumbristas en los que aparecen personajes de su serie regionalista en grecas neorenacentistas similares a las del mural que presentó en 1911 a la Exposición Nacional de Artes Decorativas por el que recibió la primera medalla en la sección segunda. (Por la fachada del Museo de Ultramar; hoy Palacio de Velázquez en el Retiro).
         Cada greca o marco cuenta con cuatro cartelas con los rostros de los poetas del Siglo de Oro Francisco de Quevedo, Miguel de Cervantes, Lope de Vega y Calderón de la Barca, y la segunda con los personajes históricos Carlos V, los Reyes Católicos Isabel y Fernando y el de Isabel de Portugal.
         Estas escenas están flanqueadas por otros murales verticales de 148 azulejos cada uno. Zuloaga pintó en un primer conjunto -el del Puente de Alcántara- una procesión parroquial con dos monaguillos y un feligrés que porta la Cruz con manga de Santo Tomé, y la espadaña de la Iglesia de San Justo y Pastor. Mientras que en el tríptico del Puente de San Martín representó a los laterales la Puerta de Bisagra y la del Sol.

         Es de reseñar que a los paneles laterales del primer tríptico le faltan en su parte baja, siete azulejos al de la derecha y ocho al de la izquierda, por lo que carecen de la firma del autor ambos.


Primer trípico











Segundo tríptico

















sábado, 29 de abril de 2017

Caballa al ajillo con langostinos


Caballa al ajillo con langostinos

Receta de caballa al ajillo, a la cual hemos añadido unos langostinos a los que el ajo frio en aceite de oliva virgen extra les viene extraordinariamente bien.

La caballa o verdel es un pescado azul muy apreciado por su sabor y por la consistencia de su carne. Estando en temporada es ideal para elaborar de diversas maneras.

Ingredientes para 4 personas.

·        2 Caballas

·        8 Langostinos

·        2 Dientes de ajo

·        Una guindilla cayena (si os gusta el picante)

·        Aceite de oliva virgen extra

·        Pimienta

·        Perejil picado

·        Sal

Elaboración.

1.      Pedimos en pescadería que nos limpien y nos saquen los lomos de las caballas. Una vez en casa, la vamos y cortamos a la mitad.

2.      Pelamos y cortamos en láminas los ajos. Reservamos.

3.      Separamos los langostinos en cabeza y cola, pelamos la cola y retiramos los intestinos a los mismos. Reservamos.

4.      Salpimentamos los lomos de caballa y los langostinos.

5.      Echamos un par de cucharadas de aceite de oliva virgen extra en una sartén y ponemos a fuego medio.

6.      En cuanto esté caliente colocamos los trozos de la caballa, con la pare de la carne sobre la sartén y los langostinos (cabeza y cola) durante un minuto. Damos la vuelta a la caballa y el langostinos y dejamos hacer el mismo tiempo por la parte de la piel.

7.      Presentamos en una fuente.

8.      En la sartén y sin retirar del fuego, añadimos mas aceite de oliva virgen extra y doramos las láminas de ajo y la guindilla.

9.      Retiramos la sartén del fuego y añadimos unas gotas de vinagre, vertiendo el contenido sobre los lomos de caballa y los langostinos.

10.  Espercemos un poco de perejil picado y servimos.
            Que aproveche.