Edificio emblemático de la ciudad
por excelencia, la iglesia de San Miguel fue inicialmente de estilo románico,
construido en el siglo XII, aunque se reformó, ampliándolo y remodelándolo a
partir de 1553, al el estilo de las iglesias columnarias alemanas. Se cree que
pudo ser en su día, un centro templario.
La portada románica apuntada y
orientada hacia poniente, es del siglo XIII, labrada en piedra arenisca, posee
valiosa simbología.
Su emplazamiento actual, debajo del
ventanal románico, no es el original y se cree que fue trasladada desde otro
templo, donde estaba orientada en la fachada sur, aunque hay otra teoría que
opina que debió conservarse de la iglesia anterior.
Las arquivoltas son de baquetón y
entre ellas se intercalan cenefas espigadas y bolas.
La arquivolta exterior está formada
por una cenefa muy elaborada que recuerda el periodo de transición en que fue
construida la puerta y se colocó en los siglos XIII ó XIV.
El fuste también presenta una
ornamentación que recuerda una vainica o punto de incrustación.
Las jambas y pilastras de soporte de
las arquivoltas y los capiteles carecen de elementos escultóricos figurados, a
excepción de unas curiosas cabezas.
Presenta motivos tallados típicos de
la decoración popular, alternando el “IHS” o anagramas de Cristo con motivos
astrológicos, geométricos y zoomorfos.
En algunos casos, esta simbología
también pagana, está representada por la mandala
, flor de seis pétalos dentro de un círculo que representa la
concentración.
También hay cenefas espigadas y
bolas del mismo estilo que las arquivoltas.